martes, 25 de marzo de 2008

Escribiendo un libro

Actualmente estoy escribiendo un libro con la ayuda de 3 valiosos objetos: una libreta de notas, una viñeta cómica y un trofeo que gané jugando polo. ¿Para qué necesito todo esto?, podría preguntarse usted. ¿Porqué no me limito simplemente a sentarme y escribir? Pues bien, tomar la decisión de hacer algo es una fase importante en el proceso de consecución de un objetivo, pero también es importante disponer de los medios necesarios para conseguirlo, pues sin ellos es posible que nunca se alcance.

El primero de los medios de que dispongo es una libreta de notas, en la que se puede leer:

No estoy escribiendo un libro.
Ni tan siquiera estoy escribiendo el capítulo de un libro.
Sé que puedo explicar una historia.
Y si puedo explicar una historia, puedo escribirla.
Puedo explicar las suficientes historias para escribir un capítulo.
Y puedo explicar suficientes capítulos para escribir un libro.
Así pues, sólo escribo una historia cada vez.

Esto me recuerda que debo dividir mi trabajo en partes, que debo hacer cada cosa a su tiempo y que he de fijar mi atención en cada una de las pequeñas partes de que consta mi trabajo. Si me planteo un libro como la suma de pequeñas historias, la labor se hace más sencilla, y de hecho, más agradable.

Mi segunda ayuda es una viñeta cómica. En el primer recuadro aparece un personaje sentado frente a un ordenador, con una mirada de satisfacción por haber conseguido un logro. "Después de años de escribir", dice, "finalmente he terminado mi autobiografía". En ese preciso instante un flecha en forma de rayo cae sobre la pantalla de su computador, rompiendo este en mil pedazos, y todo el libro se pierde. En el recuadro final, el personaje aparece escribiendo de nuevo sobre el teclado. Tiene una mirada resignada y dice: "Bueno, ahora escribiré la versión para el Reader´s Digest".

La viñeta cómica me recuerda que, aun cuando mis propósitos o mis objetivos puedan ser claros y haya definido un plan por fases para alcanzarlo, las cosas no siempre suceden de acuerdo con lo previsto. Puede faltar energía, fallar la memoria o cambiar el curso de los acontecimientos. Pueden surgir dificultades en el camino y es posible que algunas sean realmente importantes. El trayecto hacia un destino no siempre es fácil. Las actuaciones que en este sentido se lleven a cabo, aunque sean inesperadas o involuntarias, suponen un reto adicional e implican un aprendizaje suplementario.

Mi tercera ayuda es un trofeo que gané jugando polo. Ello me recuerda cuando limpiaba de estiércol la cuadra de mi caballo, que es algo que detestaba y que raramente tenía energías suficientes para llevar a cabo. Para esta tarea sólo tenía que dedicar quince minutos cada dos días, pero era suficiente para que me lamentara con un amigo mío.

Él estallaba en carcajadas. Y me echaba en cara: “No tienes energías para dedicar quince minutos a limpiar el estiércol de la cuadra, pero en cambio sí las tienes para pasarte dos días montando a caballo cuando tienes un torneo de polo”.

Estaba en lo cierto. Siempre tengo energías para hacer lo que deseo, pero nunca tengo tiempo para llevar a cabo lo que no me apetece. Tengo que observar las actividades que no me gustan o que no deseo hacer con una perspectiva más amplia. Si no limpiara el establo, el estiércol atraería a las moscas, y éstas atacarían a mi caballo haciéndolo enfermar, lo cual significaría que no podría participar en el juego que tanto adoro. Se trataba de una simple ley de causa-efecto. Contemplar cada tarea como parte de un todo que me permitía tener una nueva perspectiva, que no tenía porque ser del todo grata. Era preciso mantenerse centrado en el objetivo.

El segundo aspecto que me recuerda el trofeo de polo es que el éxito es posible. Nuestro equipo nunca fue especialmente competitivo. Jugábamos más para pasarlo bien que para ganar. Deseábamos disfrutar más que ser campeones, de forma que el trofeo constituyó, en cierta manera, una sorpresa. La sorpresa fue que pasándolo bien se puede tener éxito, y en el éxito hay lugar todavía para el placer.

domingo, 20 de enero de 2008

Metaforeando

El creer que "somos personas"" y que estamos separados del resto es algo que nos impone el relato popular.

Incluso el concepto de "mente", entendido como "mente individual" es construido a través de la interacción social, lo construimos entre todos y todas. Eso abre la posibilidad de De-Construirlo entre todos y todas.

Este espacio está dedicado a compartir algunas metáforas que podrían ayudar a flexibilizar, a mirar desde otro punto de vista. No pretendo nada más ni nada menos.

Bienvenidos todos y todas los que quieran jugar en el lenguaje de las palabras y los cuerpos.